16 de enero de 2009

El rol directivo: abordando la complejidad

Por Laura Pitluk
"La realidad escolar (como sabemos y vivenciamos cotidianamente los que estamos de una forma u otra inmersos en ella) implica una tarea altamente compleja cargada de múltiples y continuas demandas, imprevistos, decisiones y la contemplación de diversos aspectos fundamentales que se presentan de manera simultánea.
El rol del directivo, como “la cabeza y la mirada” de la institución que puede y debe conocer y articular las diferentes acciones y requerimientos, es sin duda de gran responsabilidad y complejidad.
Desarrollarlo en equipo, compartiendo las dudas y las decisiones, pensando con otros, facilita tanto al desempeño del rol como al encuadre y la dinámica institucional.
Para abordar las reflexiones sobre la complejidad del rol directivo vamos a establecer cinco aspectos fundamentales:

· Pensar que lo burocrático no debe “tapar” lo educativo, porque la calidad educativa y la adecuación de las funciones escolares dependen fuertemente de ello. Una adecuada organización es absolutamente necesaria para contar con los espacios suficientes para “ocuparse” de los aspectos pedagógicos. Preocuparse y ocuparse de la organización institucional desde la mirada del directivo, posibilita enriquecer y articular las acciones de los diferentes actores institucionales.

· El lugar de la planificación institucional. Planificar ayuda a ocuparse de lo importante y no de lo urgente y a ubicar lo educativo en el centro de la escena. Se puede ser creativo cuando la organización permite las búsquedas de nuevas alternativas. Pensarlas y diseñarlas previamente potencian su concreción, su desarrollo innovador y su articulación. Anticipar y prever las acciones institucionales permite ocuparse de lo que
surge en lo cotidiano y enriquecer desde la reflexión a las distintas opciones.

· El encuadre profesional. Sostener vínculos potentes pero educativos permite pensar y accionar desde un encuadre afectivo, cálido y centrado en lo profesional. Para esto es fundamental no generar lazos de índole familiar ni al interior de la institución escolar ni con las familias, reconociendo y respetando los roles formales y la adecuación de los mismos. Las confusiones en los roles generan distorsiones en las funciones y acciones inherentes de cada uno, perjudican la dinámica institucional y especialmente a los lazos afectivos de los niños con los docentes y familiares como adultos significativos.

· El ejercicio de la autoridad en el rol directivo. Uno de los máximos desafíos es desarrollar una autoridad libre de autoritarismo. Esto significa no “desentenderse” de la propia función que implica consensuar pero respetar y hacer respetar el encuadre institucional sin ejercer presiones irrespetuosas.
No ocupar el lugar de la autoridad tanto en las decisiones fundantes como en las cotidianas, deja a la institución en soledad, desarticulada y vacía de posibilidades de crecimiento.
El temor a ser autoritario, con las consecuencias que esto conlleva, desarrolla un alejamiento de los aspectos inherentes al rol de autoridad, muchas veces desafiado pero solicitado como fundamental.

· La importancia de la supervisión y el asesoramiento. El directivo, desde la mirada de la institución en su totalidad, debe instalar espacios de articulación, de trabajo compartido y de toma de decisiones conjuntas. Los espacios de supervisión grupales e individuales posibilitan las reflexiones personales y compartidas, el asesoramiento y seguimiento, la búsqueda conjunta de soluciones y la toma de decisiones pensadas y justificadas.
Así como los docentes no pueden renunciar a sus tareas de diseño, puesta en marcha y evaluación de las propuestas educativas áulicas, los directivos no pueden “desentenderse” de sus tareas de seguimiento, asesoramiento, supervisión, coordinación y evaluación de todos los integrantes y acciones institucionales.
Es el directivo el que puede tener la mirada de la generalidad, de las diferencias particulares, y de las posibles integraciones y articulaciones entre los distintos actores, desde la complementariedad en las tareas y roles, y la consideración de la identidad institucional.
Esto es posible sólo desde un clima respetuoso desde el cual cada integrante asume sus responsabilidades y comparte la vida institucional con actitudes solidarias centradas en el bien común. El clima institucional se construye y se vivencia desde el encuadre que se establece, el proyecto que se genera y el sostener las tareas contemplando toda su complejidad.
Los directivos y docentes, como profesionales de la educación, pueden decidir y actuar desde la autoridad que les brinda su rol y su formación respetando los circuitos de autoridad y las diferentes variables que intervienen en los procesos educativos. La autonomía profesional implica tomar las propias decisiones escuchando y teniendo en cuenta los aportes de los otros. Implica conocer los lineamientos de la política educativa y el de encuadre de la institución, tomando las propias decisiones y elecciones de forma fundamentada, coherente y respetuosa de los acuerdos.
La complejidad, la responsabilidad y la soledad del rol se hacen presentes en los momentos de toma de decisiones cotidianas y fundamentales. La mirada, la palabra y las acciones del directivo son generadores de la disposición o no de los otros actores educativos a participar en la vida escolar con alegría, ganas, deseos y proyectos.

Generar un clima institucional potente y placentero es un desafío de todos que se logra cuando volvemos nuestra mirada sobre los niños, tantas veces olvidados entre la burocracia y los papeles, los apuros y las disputas…
Potenciar propuestas de enseñanza acordes, ricas y significativas, nos sitúa en el rol directivo desde la potencia y los logros. ¡Vaya responsabilidad y riqueza!"

Fuente: http://www.laurapitluk.com.ar/

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