23 de febrero de 2009

El "mito" de la actividad física como salud

Una vez que el “mito” integra la vida cotidiana de cada individuo, marca determinada forma de ver o entender la realidad, y esto origina una forma de “modelar” al individuo. Así cobra vida el “mito” de la actividad física como signo de salud.
La Educación Física moderna sufre la influencia, desde sus primeros pasos, del pensamiento científico “…ejercitar científicamente el cuerpo, o ejercitar el cuerpo de acuerdo con el conocimiento científico del mismo…” desde esta perspectiva higienista, el cuerpo y la actividad física eran estudiados como fenómenos biológicos. Por eso se hablaba menos de movimiento humano y más de actividades físicas. Por lo tanto, no es gratuita la presencia influyente de la institución médica en la Educación Física.

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Según Polack: “...la medicina apuntala –mediante una práctica necesariamente acompañada por una pedagogía- un sistema de representación del cuerpo que es compatible con la marcha de la economía, con el orden y con los valores de la clase dominante...”
Es evidente que ese sistema de representación no queda petrificado sino que, el modelo corporal forjado por la clase dominante, se reactualiza sin cesar.
La medicina y otras disciplinas asociadas, envestidas como están de carácter científico, han reforzado su condición de propietarias exclusivas (o al menos esa es su pretensión) de la capacidad de legitimar todo lo que sobre el cuerpo pueda decirse.
José Ignacio Barbero González, utiliza el concepto “cuerpo máquina”, para definir el modelo en dónde se combinan los supuestos científicos del positivismo, la racionalidad instrumental que impregna la organización y comportamiento de las sociedades modernas y la cuota de docilidad-productividad de las poblaciones, que requiere e impone el sistema productivo. Desde esta óptica, el cuerpo se concibe como algo susceptible de ser analizado por partes, compuesto por sistemas, órganos y elementos con funciones y cualidades específicas que pueden ser trabajadas separadamente de acuerdo con planteamientos y planes científicos para potenciar su rendimiento.
Es por ello que, al hablar de los contenidos y fines de nuestra práctica docente, nos sea muy difícil pensar en otra cosa que no sea desarrollar la resistencia, la fuerza, la velocidad, etc., cualidades para las cuales existen múltiples instrumentos objetivos de medición y sistemas para su entrenamiento.

El Dr. Alfredo Furlan, plantea que el término “Educación Física” es una construcción lingüística muy interesante; “fisis” es naturaleza, es decir, que se podría inferir que “Educación Física”, en términos de resonancia etimológica, significaría, Cultura versus Naturaleza.
La educación, es decir la guía cultural de lo natural del hombre, es transformar al hombre natural en hombre de la cultura. Educación Física, implica articular dos cosas que no necesariamente van en la misma dirección, implica negar ciertas fuerzas de lo físico y de lo natural, afirmando fuerzas que vienen de lo cultural, lo cual ha provocado en la modernidad una suerte de revueltas desde lo físico, desde lo corporal, desde la naturaleza.
No cabe ninguna duda, que el realizar ejercicios físicos, beneficia la salud, previniendo la enfermedad, pero también es cierto, que todo el aparato que se crea en su entorno “contamina” los primeros motivos de la actividad física, el de responder a una mejor calidad de vida o a la práctica de una vida más saludable.
La Educación Física ha tenido un desarrollo desigual, ya que si bien las prácticas motrices, en tanto prácticas sociales, están extendidas en la geografía y en la historia de la humanidad, el sostenimiento de criterios coherentes para su conducción ha florecido y languidecido de diferentes modos en distintas épocas.
En la Educación Física está aún en construcción el saber teórico que enfoque centralmente a este complejo universo de prácticas como su objeto de estudio. A la tradicional tensión que suele producirse entre teorías y prácticas, se le ha agregado un gran distanciamiento.
Probablemente por este desajuste notamos en nuestra práctica, que se han establecido algunos mitos, confusiones y silenciamientos.
Para ampliar estos conceptos te recomiendo leer el texto: “El mito de la actividad física y salud”, de Yara María Carvalho.

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