24 de julio de 2014

La actividad fisica en la escuela. Observatorio de la deuda social Argentina


La actividad física les permite a los chicos desarrollar sus huesos y músculos, fortalecer el corazón y los pulmones, aprender a coordinar sus movimientos y mantener un peso saludable. También tiene efectos psicológicos positivos –gracias a las famosas endorfinas– y ayuda a que los jóvenes interactúen y se integrencon sus pares. De todos estos beneficios se pierden la mayoría de los chicos argentinos: 6 de cada 10 no hacen ninguna actividad física fuera de la escuela.

Los datos surgen del último informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, de alcance nacional, y de un estudio realizado por el área de Desarrollo Saludable del Gobierno de la Ciudad, al que tuvo acceso Clarín. El panorama es similar en el país y en la Capital: después de pasarse la mañana sentados en el aula, a muchos estudiantes la tarde se les va frente a la tele o la computadora.

El déficit de actividad física es mucho más grande entre los niños y adolescentes más pobres (72%) que entre los más ricos (43%). “Para los chicos pobres, el único estímulo de actividad física es el que les ofrece la escuela, una vez por semana o a lo sumo dos”, explica Ianina Tuñón, coordinadora del estudio de la UCA.

El bloque semanal de 40 minutos no alcanza para cumplir con las recomendaciones mínimas de la Organización Mundial de la Salud, que apuntan a que los chicos hagan actividades aeróbicas intensas por lo menos 3 veces por semana, además de tener 60 minutos diarios de actividades moderadas (como caminar, jugar en el recreo, andar en bici, etc). Por eso, algunos expertos recomiendan elevar a 3 la cantidad de clases semanales de Educación Física, algo que muchas escuelas ya están haciendo.

Los alumnos que van a colegios de jornada simple practican menos deportes que los que hacen doble jornada. Es decir que el déficit de actividad física es una de las consecuencias de la escasa oferta de escuelas de jornada extendida, que llegan apenas al 8% en el país, y se concentran sobre todo en la gestión privada y la Capital Federal.

Para empezar a revertir este déficit, una de las propuestas que crece en la Ciudad es promover los recreos activos. En un relevamiento que abarcó 176 escuelas públicas porteñas, un equipo de nutricionistas del área de Desarrollo Saludable del Gobierno de la Ciudad detectó que, cuando sonaba el timbre, muchos alumnossalían al patio con sus celulares o sus netbooks, y se pasaban todo el descanso sentados frente a las pantallas. “Por eso decidimos crear el programa Recreos en Movimiento, para estimular los juegos activos durante el recreo”, explica Héctor Gatto, director del área.

Mientras algunos colegios promueven “ recreos tranquilos ” (con el argumento de que los chicos “se excitan demasiado” si corren o juegan al fútbol), los expertos señalan que fomentar la pasividad va en detrimento del derecho de los chicos al juego y a la salud. “El recreo activo ayuda a que los chicos hagan una descarga de energía, y esa distensión permite que después puedan seguir con los aprendizajes al volver al aula”, asegura la nutricionista Cecilia Antún.

Por otra parte, el sedentarismo, junto con la falta de una alimentación saludable, es un factor de riesgo para la obesidad y el sobrepeso, presentes en el 42% de los chicos porteños. Para empezar a transformar estos hábitos que deterioran la calidad de vida, otra de las sugerencias que se repiten es fomentar que los niños y adolescentes vayan caminando o en bicicleta al colegio.

El desafío no es solo para los más chicos. Gatto concluye: “Ellos hacen lo que ven y aprenden de los adultos. Y en Buenos Aires, por ejemplo, la mitad de la población no hace suficiente actividad física. La gente no suele ser consciente de que los hábitos saludables permiten prevenir muchísimas enfermedades. Por eso, el ejemplo de la familia es fundamental”.




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