9 de abril de 2015

I Congreso Internacional sobre problemáticas en Educación y Salud, 11 al 13 de junio de 2015, Buenos Aires




“Educar en emociones: ¿cómo manejar los impulsos?”
Compartimos con uds. un texto elaborado por el Mg. Fernando Onetto, presidente del I Congreso Internacional sobre Problemáticas en Educación y Salud: "¿Qué necesitan niños y adolescentes de los adultos hoy?"

Un punto de intersección
 Las emociones y su lugar en el aprendizaje son un prometedor punto de intersección entre la educación y la salud. No es un tema nuevo. Luis Iglesias un maestro rural que fue uno de los líderes de la corriente llamada “escuela nueva” escribió una obra inédita llamada “la escuela emotiva”[1]. Ya en 1930 él tenía claro que lo más importante para su escuelita de adobe era que los niños concurrieran a ella con alegría. Unos niños que se levantaban a las cuatro de la madrugada porque eran trabajadores rurales, “boyeritos”, que arreaban ganado o se ocupaban del tambo antes de ir a la escuela.
Sin embargo, esta asociación entre emociones y aprendizaje no ocupó la carretera principal de la educación en Argentina. Más bien, se impuso una visión racionalista de la educación. La Ilustración del siglo XVIII marcó profundamente con este sesgo a la escuela en manos del Estado desde su nacimiento.
Pero la diferencia y la confluencia que existen entre cerebro (biológico) y mente (simbólica) se pone sobre la mesa de debate fuertemente en la última parte del siglo pasado. En primer lugar se produce un desafío desde el área de las tecnologías. El proyecto de la inteligencia artificial en la que se embarcaron las investigaciones tecnológicas estableciendo un paralelismo entre la computadora y la mente humana e intentando reproducir en ésta última lo que ocurre en el cerebro humano [2]. No pocos fueron los aportes de este esfuerzo investigativo. Uno de ellos es reponer en su lugar la importancia de la memoria en el funcionamiento de la mente. Hoy también con la extensión de la duración de la vida humana, se redescubre la vinculación decisiva entre salud y memoria.

Otro aporte lo hicieron las investigaciones sobre inteligencia artificial llevadas a cabo en el famoso Silicon Valley de EEUU y otros lugares del mundo. Este aporte fue la distinción entre conocimiento general y conocimiento experto. Se llega a describir con bastante riqueza lo que caracteriza a éste último. Esto fue un aporte para el campo educativo. Su finalidad es llevar a los estudiantes lo más cerca que se pueda del conocimiento experto.
Sin embargo, el proyecto inteligencia artificial aunque inspiró diferentes ramas tecnológicas como la robótica, no pudo resolver el “misterio” de la comprensión del “insight” ¿Qué ocurre cuando el cerebro humano pasa de complejizar sus asociaciones a encontrarles un “sentido”? Esto la tecnología no pudo descifrarlo hasta el momento. De hecho el proyecto inteligencia artificial ha perdido progresivamente interés tal como fue pensado en un comienzo.

La neurociencia
 La relación cerebro-mente también tiene un abordaje cada vez más intenso desde el campo de la medicina. El auge de las neurociencias que vivimos en nuestros días lo parece confirmar. Las investigaciones disponibles desde hace unos años muestran una confluencia entre las teorías cognitivas como las de Piaget y Vigotsky con lo que se alcanza  a identificar con las nuevas tecnologías de investigación sobre el funcionamiento del cerebro[3].
Aún hay muchas preguntas que resolver sobre las famosas “proteínas mensajeras” que llevan información de la parte emocional a la parte cognitiva y que ponen en funcionamiento la producción de elementos químicos favorables o desfavorables para la salud.
Desde el campo educativo la temática del clima emocional y su correlación con los aprendizajes apoyada en estos aportes de la ciencia sobre el cerebro ha dado nuevo auge al viejo tema que concentraba la atención del maestro Iglesias.

Un aporte para la reflexión sobre los niños y adolescentes
 Creemos que el avance más significativo que toda esta dinámica entre psicología, medicina y pedagogía es devolvernos una visión del ser humano más integrada y menos disociada. La pedagogía recupera el aspecto corporal y emocional del sujeto de aprendizaje. Esto no sólo se agota en la temática de los climas emocionales sino que al poner en “valor” la importancia del cuerpo para aprender se pone en valor el espacio de aprendizaje y, en general, los aspectos materiales de la escuela como mensaje educativo. Esta dimensión es denominada como cultura material de las escuelas. La distribución de los espacios y los tiempos, los objetos hablan a los estudiantes y su mensaje es poderoso [4].

Los adultos, las emociones y el cuerpo
Cuál es el rol adulto en el crecimiento de niños y adolescentes hoy es una de las principales vías de indagación que mantendremos como línea durante el Congreso Internacional que se desarrollará del 11 al 13 de junio en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. 
Nos interesa sobre todo avanzar en la comprensión del rol de los adultos en estos campos para acompañar la maduración y el aprendizaje de las nuevas generaciones. Generaciones que traen una impronta de identidad cultural propia como hemos abordado en otros congresos.
El tema particular de las emociones en la vida de los niños y los jóvenes ocupará un lugar importante en nuestro Congreso Internacional. Más en concreto, nos limitamos a pensar cuál es el lugar y la tarea que los adultos pueden cumplir respecto del aprendizaje sobre la integración de las emociones más primarias como el deseo, el temor, la agresividad, el placer, el displacer en la vida de los niños y los jóvenes. Los chicos no pueden socializarse si no aprenden a hacer algo con sus impulsos. El lema de hacer en cada momento “lo que pinta” es valioso en su plasticidad pero riesgoso en el dejarse llevar por las emociones y ponerlas en acto sin mediación de ningún otro criterio de acción que el “dejarse llevar”. Adultos, jóvenes y niños estamos llamados a aprender estrategias de autocontrol para dar lugar a los otros en nuestra vida. Adultos fuera de control no parecen muy aptos para acompañar. Allí tenemos preguntas para hacernos y tal vez una agenda de trabajo personal. Pero queda pendiente la cuestión acerca de cómo enseñar a nuestros pacientes, estudiantes y/o hijos a controlar sus impulsos emocionales sin perder toda la riqueza de su energía y sentido.  
  
 [1] Luis Iglesias (1945) La escuela emotiva. Buenos Aires. Ensayo inédito.
 [2] José Ignacio Pozo (1993) Teorías cognitivas del aprendizaje. Madrid: Morata, p.117
 [3] How de People Learn: Brain, Mind, Experience, and School: Expanded Edition, (2000) National Research Council, Academie of Sciencies, Washington. Disponible en http://www.nap.edu/catalog/9853.html
 [4] Daniel Brailovsky (2012) La experiencia escolar a través de los objetos. Buenos Aires: Homo Sapiens.

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